domingo, 23 de octubre de 2016

Soberbia, mucho más que un pecado.

Un afrodescendiente, una mujer, un homosexual, un indígena, un discapacitado físico, un adolescente, un adulto mayor, un estudiante, un discapacitado mental, un migrante, una persona de medidas desproporcionadas, un animal, un creyente.
Todos han enfrentado la peor actitud del ser humano, la soberbia, un mal que va desde una mirada hasta un exterminio.
Sentirse más que los demás está destruyendo nuestros lazos humanos, está corroyendo nuestra humanidad como el agua al metal, las personas soberbias en verdad creen que valen más que otros solo por las circunstancias que les rodean y la realidad es que todos somos un mero accidente de la vida, el resultado de una ecuación de variables genéticas, geográficas, psicológicas, sociales, familiares, educativas y de millones de combinaciones en distintas partes porcentuales.
Lo difícil de tanta diversidad viene al pretender compararnos y agruparnos basados en nuestras diferencias y no en nuestras coincidencias y no sólo eso, sino que como sociedad alabamos o despreciamos a quien tiene más, o menos de lo que sea (belleza, dinero, melanina, fe, juventud, raciocinio, debilidad, edad, etc).
La soberbia ha sido el origen primario de las peores guerras y ha dejado sin hogar a millones de familias que salen de su patria a mendigar un espacio en otro país. 
La soberbia ha reunido a mucha gente que lleva la bandera de la razón absoluta para exigir que se le retiren sus derechos primordiales a los demás.
La soberbia a través de la historia ha segregado a quienes nos han dado la vida, a quienes nos alimentaron cuando más vulnerables fuimos.
La soberbia ha sido causante de millones de asesinatos de humanos y no humanos.
La soberbia ha marcado diferencias en el trato que recibimos por la cantidad de bienes que poseemos.
La soberbia ha hecho que los más experimentados sean relegados al llegar a cierta edad.
La soberbia ha hecho a los religiosos "ver la paja en el ojo ajeno", y ha condenado de mil maneras a quienes no concuerdan con ellos.
La soberbia ha deteriorado la autoestima de millones de adolescentes que creen que lo único importante es la belleza y la popularidad.
La soberbia es la madre de la discriminación. 
Incluso sin acción la soberbia duele, porque tiene una cara punzocortante.
Difícil es plantarle la cara y mirarla a los ojos sin salir herido.
Karina Sagarra

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