martes, 8 de septiembre de 2015

CALLEJERO



Cuando el papel está en blanco
Ninguna palabra nos parece digna de ocupar un espacio, con la cantidad de palabras que hay… y ninguna?
Palabras como
Callejero.
Que me trae a la mente?
Un pequeño y feliz perro que vive cerca del mercado, en la calle Ernesto Pugivet, en el corazón de Mi Ciudad.
Durante las noches trata de colarse para meterse entre los arboles de la compañía telefónica y no pasar frío, pero apenas lo despiertan las aves piando, comienza su rondín. Primero sale a saludar al vendedor de tamales que pasa temprano por los edificios del fondo de la calle, por una extraña razón siempre se siente cobijado cuando está cerca del tamalero, deja de sentir frio y a veces le dan un poco de masita caliente.
Más tarde, el mercado ha despertado totalmente, comienzan a llegar las camionetas con gran variedad de cosas olorosas que le gusta probar, así que se mete a olisquear cada puesto esperando agradar al marchante con su carita curiosa. A veces le dan un trozo de algo, que con suerte será  jamón, unas sardinas, un trocito de carne de algún animal exótico, león, cocodrilo, venado, codornices; todos saben diferente, pero todo eso le gusta, a veces le dan queso, pero eso no le agrada mucho. Donde no quiere ni perder su tiempo es en los puestos de frutas, esas bolas de mil colores, olores y tamaños que a él le parecen desagradables y que sin embargo, tiene que comer cuando la cacería no fue buena en otros pasillos.
Más tarde cuando ya desayunó se va a tomar el sol en la plaza, le gusta esconderse porque parece que los humanos no lo ven, siempre lo patean y prefiere no estar en su camino, a veces persigue alguna mariposa, le ladra a los gatos que suben corriendo a los arboles, e incluso a veces juega con los humanos pequeños que pasan por ahí.  Una vez que el sol comienza a bajar es hora de buscar un poco más de comida, así que se atraviesa la calle. Hay un gran camión de color rojo que pasa sin hacer ruido, así que se fija bien al atravesar,  la otra vez ese camión lastimó a un gato bandido que a punta de arañazos le ganaba su lugar de descanso, ahora el gato descansa en paz.
Justo enfrente de la plaza están las tortas de pierna, de bacalao y de pollo así que pasa entre los transeúntes; que son muchos, se abre paso hasta el local y poniendo su carita tierna consigue uno o dos trozos de algo muy sabroso, quizás no es mucho pero en cada puesto consigue un poco, así que para las 4 de la tarde ya comió y comienza su rondín, se mete entre callejuelas y callejones atestados de humanos comprando luces y maquinaria, eso es lo que ve con sus ojos, pero lo que lo guía, el olfato, lo está llevando a una vieja vecindad donde encuentra algunos congéneres aglomerados fuera de un departamento donde vive una perrita que está en celo. Todos quieren que salga, incluso la perrilla no deja de asomarse a la ventana y ladrar de emoción al ver a tanto amigo esperándola afuera.
El espera pacientemente, igual que todos, pero se mantiene alejado de broncas y gruñidos, ¿que saca con meterse en problemas? La otra vez lo mordieron y no pudo caminar dos días, así que se quedó entre los arboles de la telefónica donde no llega el aire pero tampoco el sol, y aparte sin comer. No, el aprendió su lección, que peleen los tontos.
De pronto, listos y tontos salen despavoridos, porque de la ventana no sale la ansiada perrita, sino una humana gorda y pesada con un balde de agua que descortésmente vacía sobre ellos, a ese grandulón peleonero le tocó la mayor mojada porque estaba hasta adelante y no dejaba pasar a los demás.
Aquí ya no hay nada que hacer. Así que se dirige a la calle a dar otra vuelta. Persigue alguna rata por diversión pero nunca se aleja demasiado, prefiere volver al mercado, porque a esta hora puede comer lo que él decida ya que los humanos sacan los mayores manjares para que el coma. Ellos les llaman desperdicios pero el nombre le tiene sin cuidado.
Otro rondín lo mantiene ocupado, pero esta vez muy cerca de su pequeña guarida, no sea que algún otro perro o un gato descarado le ganen su lugar. El sol se metió hace un rato y el solo quiere acicalarse las patas, ha caminado mucho. Poco a poco y sin preocupación alguna se enrosca y espera hasta que lo vence el sueño. Y el sueño de un perro siempre es amoroso. 




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